CONECTA
¿Sientes que hay distancia entre tú y tus hij@s?
¿A veces parece que no os entendéis?
¿Hablas y sientes que no te escuchan? ¿Intentas acercarte y, en cambio, parece que os alejáis más?Quizá no necesites hacer más.
Quizá necesites mirarlo desde otro lugar.
Cambia la perspectiva. Aprende a verlo.
Conectar con tus hij@s, con tu pareja, con tu familia o con cualquier persona empieza por algo tan sencillo —y a la vez tan profundo— como ponerte a su nivel y tratar de comprender lo que está viviendo.
Mírale a los ojos.
Escucha.
Observa.
Empatiza.
Ten paciencia.
Hazle saber que lo que siente y lo que dice tiene valor para ti.
Que estás ahí.
Que le comprendes.
Que le quieres, incluso cuando no comprendes su comportamiento.
Y, sobre todo, respétale.
Porque conectar no significa estar siempre de acuerdo.
Significa intentar comprender antes de reaccionar.
Mírale a los ojos.
Escucha.
Observa.
Empatiza.
Ten paciencia.
Hazle saber que lo que siente y lo que dice tiene valor para ti.
Que estás ahí.
Que le comprendes.
Que le quieres, incluso cuando no comprendes su comportamiento.
Y, sobre todo, respétale.
¿Y qué ocurre cuando observas?
Cuando empiezas a observarte de verdad, descubres algo muy interesante:
No reaccionas siempre de la manera que eliges.
Muchas veces reaccionas automáticamente.
Ante determinadas palabras, comportamientos o situaciones, aparece una respuesta que parece salir sola.
Un tono de voz.
Un enfado.
Una crítica.
Una necesidad de controlar.
Un impulso de castigar.
Una sensación de impotencia.
Y muchas veces ni siquiera sabes de dónde viene.
La realidad es que todos hemos aprendido una determinada manera de relacionarnos.
Nuestros aprendizajes, nuestra educación, nuestras experiencias, nuestras creencias y nuestra historia personal han ido creando patrones de comportamiento y de reacción.
Y algunos también pueden estar relacionados con aquello que hemos recibido de nuestro sistema familiar y nuestro linaje.
No se trata de buscar culpables.
Se trata de hacer consciente lo que hasta ahora hacías de manera automática.
Porque cuando puedes verlo, puedes empezar a elegir.
Un tono de voz.
Un enfado.
Una crítica.
Una necesidad de controlar.
Un impulso de castigar.
Una sensación de impotencia.
Y muchas veces ni siquiera sabes de dónde viene.
PRESENCIA
Estar presente es mucho más que estar físicamente.
Es estar realmente ahí.
Cuando aparece un conflicto, detenerte un instante puede ayudarte a darte cuenta de qué está ocurriendo.
¿Qué está pasando?
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué está sintiendo la otra persona?
¿Estoy reaccionando desde el enfado, el miedo, la frustración o la necesidad de tener razón?
Reconocer que has reaccionado de una determinada manera no significa castigarte.
Significa aceptar:
«Esto es lo que he podido hacer hasta ahora.»
Y desde ahí empezar a cambiar.
¿Qué está pasando?
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué está sintiendo la otra persona?
¿Estoy reaccionando desde el enfado, el miedo, la frustración o la necesidad de tener razón?
PACIENCIA
La paciencia va a convertirse en una de tus grandes aliadas.
- Porque llevas muchos años aprendiendo a relacionarte de una determinada manera.
- Has recibido una educación.
- Has vivido experiencias.
- Has construido creencias.
- Has aprendido respuestas.
- Y posiblemente has repetido algunas de ellas sin darte cuenta.
Por eso, cambiar no sucede de un día para otro.
Necesitas tiempo.
Necesitas práctica.
Y, sobre todo, necesitas amor y paciencia contigo.
No puedes acompañar desde la calma si constantemente te estás juzgando.
ESCUCHA ACTIVAMENTE
Escuchar no significa simplemente permanecer en silencio mientras la otra persona habla.
Significa escuchar con todo tu cuerpo.
Mírale.
Acércate.
Deja el móvil.
Aparta por un momento tus propias respuestas.
No prepares inmediatamente qué vas a decir.
Escucha para comprender, no para contestar.
A veces no necesita que soluciones nada.Necesita que estés.
Quizá necesite un abrazo.
Que le cojas de la mano.
Que te sientes a su lado.
Que simplemente le hagas sentir:
«Estoy aquí contigo.»
Y recuerda algo muy importante:
Validar una emoción no significa darle la razón en todo.
Puedes comprender lo que siente y, al mismo tiempo, mantener tus límites.
Mírale.
Acércate.
Deja el móvil.
Aparta por un momento tus propias respuestas.
Quizá necesite un abrazo.
Que le cojas de la mano.
Que te sientes a su lado.
Que simplemente le hagas sentir:
«Estoy aquí contigo.»
EMPATÍA
La empatía nos permite acercarnos al mundo de la otra persona.
Antes de reaccionar, prueba a preguntarte:
¿Cómo me habría gustado que me trataran a mí en ese momento?
Porque esa persona que tienes delante no ha llegado hasta aquí por casualidad.
Su manera de actuar está relacionada con sus experiencias, su personalidad, sus aprendizajes, sus circunstancias y todo aquello que ha vivido.
Quizá tú, con su misma historia y en sus mismas circunstancias, habrías reaccionado de una manera parecida.
No necesitas justificarlo todo.
Necesitas intentar comprender antes de juzgar.
Existe un antiguo proverbio atribuido al pueblo siux que expresa esta idea de una manera preciosa:
«No juzgues a nadie hasta que no hayas caminado cuatro lunas con sus mocasines.»
OBSERVACIÓN
La observación es una herramienta maravillosa para empezar a descubrir tus patrones.
Porque cuando observas, empiezas a encontrar algo que antes pasaba desapercibido:
lo que se repite.
Quizá hay determinadas situaciones que te molestan especialmente.
Quizá determinadas conductas de tu hij@ despiertan en ti una reacción muy intensa.
Quizá ocurre lo mismo con tu pareja, con tus compañer@s o incluso contigo misma.
Pregúntate:
¿Qué está despertando esto en mí?
Y, en lugar de quedarte únicamente con lo que ha hecho la otra persona, observa también tu reacción.
Puedes incluso escribirlo.
¿Qué ocurrió?
¿Qué dijo o hizo la otra persona?
¿Qué sentiste?
¿Qué pensaste?
¿Cómo reaccionaste?
¿Qué necesitabas realmente en ese momento?
¿Podrías haber respondido de otra manera?
No para juzgarte.Para conocerte.
Porque cada vez que descubres un patrón, aparece una nueva oportunidad de elegir.
Quizá hay determinadas situaciones que te molestan especialmente.
Quizá determinadas conductas de tu hij@ despiertan en ti una reacción muy intensa.
Quizá ocurre lo mismo con tu pareja, con tus compañer@s o incluso contigo misma.
¿Qué ocurrió?
¿Qué dijo o hizo la otra persona?
¿Qué sentiste?
¿Qué pensaste?
¿Cómo reaccionaste?
¿Qué necesitabas realmente en ese momento?
¿Podrías haber respondido de otra manera?
AHORA TE TOCA A TI
Y aquí comienza el reto.
Durante los próximos días, no intentes cambiar inmediatamente tus reacciones.
Primero, simplemente observa:
Observa una situación que se repita.
Esa que siempre termina de la misma manera.
Esa que te saca de tus casillas.
Esa en la que sientes que pierdes la paciencia.
Y esta vez haz algo diferente: PARA.
RESPIRA.
OBSERVA.
Pregúntate:
¿Qué está pasando realmente?
¿Qué estoy sintiendo yo?
¿Qué puede estar sintiendo la otra persona?
¿Qué necesito en este momento?
Y después, cuando haya pasado la situación, vuelve a observarla.
Quizá descubras algo que llevaba mucho tiempo delante de ti.
Porque cuando cambias la manera de mirar…
empiezas a cambiar la manera de relacionarte.
Y ahí comienza la conexión.
Observa una situación que se repita.
Esa que siempre termina de la misma manera.
Esa que te saca de tus casillas.
Esa en la que sientes que pierdes la paciencia.
¿Qué está pasando realmente?
¿Qué estoy sintiendo yo?
¿Qué puede estar sintiendo la otra persona?
¿Qué necesito en este momento?
RETO 1 · ¿ESCUCHAS EL RITMO DE TU ENTORNO?
Durante esta semana, proponte escuchar de verdad.
No solo las palabras.
Escucha los silencios.
Los gestos.
El tono de voz.
La mirada.
Los cambios de humor.
Lo que la otra persona intenta decir aunque todavía no sepa expresarlo.
No solo las palabras.
Escucha los silencios.
Los gestos.
El tono de voz.
La mirada.
Los cambios de humor.
Lo que la otra persona intenta decir aunque todavía no sepa expresarlo.
RETO 2 : Saca los patrones reactivos y mejora tus relaciones
Y, sobre todo, escucha también lo que ocurre dentro de ti cuando estás con ella.
Porque conectar con los demás comienza, muchas veces, por algo que olvidamos:
aprender a escucharnos.

